12 de octubre: De las Américas a Cataluña

Corrían los años 80. Una época de hegemonía del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado por Felipe González, que pese a seguir teniendo mayoría absoluta en el Parlamento iniciaba su caída paulatina con el respiro temporal de 2004 a 2011. Felipe González, que cada día hacía más visible su derechización hasta ser actualmente teórico derechista del pacto nacional entre PSOE y PP, socios de las “puertas giratorias”, firmó esa misma fecha la aprobación de la Ley 18/1987[1] para establecer como Día Nacional de España el 12 de Octubre.

La misma ley elaborada por el corrupto de las “Tarjetas Black”, el exministro Socialista Virgilio Zapatero, fue aprobada el 7 de octubre de 1987 por votos del PSOE y AP (actual Partido Popular), con la abstención y ausencia de soberanistas catalanes y vascos, y la oposición de Izquierda Unida. El pacto informal entre la vieja socialdemocracia y los conservadores seguía su camino. La breve ley dice que “el 12 de octubre, simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos”.

El Régimen del 78 buscaba enmascarar, no limpiar, el pasado de la dictadura militar de Franco para vestirse de democracia y poder entrar en su modernización con la adhesión a organismos supranacionales como la CEE o la OTAN. Enmascaramiento como el ejemplo del 12 de octubre, que en lugar de romper con una fiesta nacional que el mismo Franco celebraba como “Fiesta de la Raza” y “Fiesta de la Hispanidad” se le etiquetó con otro significante pero con el mismo significado.

Desde hace mucho tiempo el 12 de Octubre ha sido considerada una fecha a condenar por movimientos sociales y conciencias políticas de izquierda, antimperialistas y descolonizadoras, con el fin de condenar la historia sangrienta de la colonización. En América Latina, el primer país que dejó de festejar esa fecha fue Cuba tras la victoria de la Revolución en 1959. Otros países, con proyectos antimperialistas, se han ido sumando en el siglo XXI a esta tendencia. Venezuela en 2002 lo etiquetó como “Día de la resistencia indígena”, como hace Nicaragua. Bolivia “Día de la Descolonización” desde 2011 y Ecuador, desde el mismo año, “Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad”. Algo que no gustó a la monarquía española siendo visible en el “Por qué no te callas” del monarca Juan Carlos I al expresidente fallecido Hugo Chávez en la Cumbre Iberoamericana de 2007. Pero otros países, de hegemonía conservadora, como México, Honduras, o Colombia, si lo mantienen todavía como “Día de la Raza”.

Al igual que en las Américas, en España el 12 de octubre tiene un significado histórico según el contexto político del presente. Años atrás en España, como en la histórica celebración del V centenario en 1992, existía un sentido parecido al de Latinoamérica actualmente. La derecha defiende ocultar el genocidio histórico y tergiversando bajo un enfoque etnocéntrico la tesis de convivencias de culturas, y la izquierda condenando la fecha como una memoria colonialista. Recordando, en el V Centenario en 1992, el lema que se usó ese 12 de Octubre tuvo el significante “La Era de los Descubrimientos”, donde era un momento que España se abría a la comunidad Latinoamericana fundado la Cumbre Iberoamericana en 1991, y se celebró la Expo en Sevilla y las Olimpiadas en Barcelona. Pero parece ser que hoy España viste el 12 de octubre de otra manera.

Ya no preocupa el manipular la historia colonial, ahora el acento está sobre el nacionalismo frente al conflicto con Cataluña. En 2014 el lema que se usó en el llamado Día de la Hispanidad por parte de una de las organizaciones unionistas, Sociedad Civil Catalana, y con la participación de miembros del Partido Popular, fue “La España es de todos”. En 2015, “Barcelona, capital de la Hispanidad” y en 2016 “España en el corazón”. Pero este año, dada la intensidad del conflicto con Cataluña por el referéndum del 1 de octubre, el mismo Gobierno con el Ministerio de Defensa lanzó la campaña “Orgullosos de ser españoles”.

El escenario de un gran desfile militar, con el Rey como Jefe de las fuerzas Armadas, de la presencia de los políticos unionistas (Partido Popular, PSOE, Ciudadanos….), de grandes banderas españolas en tierra y aire, e incluso el símbolo de la bandera española en RTVE1 (algo que no recuerdo otros 12 de octubre) es un aviso simbólico a Cataluña como dice el “libro sagrado” de la Constitución “la monarquía española es indivisible”.

Este 12 de octubre ha sido una presentación más para avisar al Presidente catalán, Puigdemont, y los partidos independentistas, de las garras que tiene España y las consecuencias que sufriría Cataluña si se aplica finalmente el artículo 155 de la Constitución. Un desfile militar, y no cívico, en el Día Nacional que presentó su supresión la semana pasada en el congreso ERC pero fue rechazada por el Partido Popular y el PSOE. A diferencia de otros países, como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, y muchos países de América Latina, la fiesta nacional se presenta con desfiles, y actividades culturales, donde participan diferentes colectivos sociales, y no solo Fuerzas Armadas.

Más allá del carácter arcaico del desfile militar, el 12 de octubre también ha representado la falta de diálogo entre Cataluña y España. Todos los presidentes autonómicos hicieron presencia, excepto el del País Vasco, Navarra y Cataluña. Algo sucedido en años anteriores, pero más como objetivo simbólico que político.

El 12 de octubre podría haber sido un evento previo a las negociaciones. Si Rajoy, y el mismo monarca, estuvieran abiertos a solucionar democráticamente la cuestión catalana, tras el anuncio de Puigdemont de aplazar la República Catalana. Era un momento clave para abrir la puerta a la mesa de negociaciones. La presencia de mediadores en la jornada, y sobre todo del mismo Puigdemont como estrategia diplomática, que no evitaría críticas de sectores catalanistas y españolistas, hubiera generado un clima de confianza. El 12 de octubre, sin olvidar su contenido bélico y colonial histórico, debería haberse bautizado como “Orgullosos de la Plurinacionalidad”. Pero finalmente no fue así, de sueños vivimos algunos. El 12 de octubre de 2017 podrá ser recordado como el evento que pasará a la historia como un punto de quiebre entre España y Cataluña.

Los últimos pasos de la marcha atrás han iniciado su camino. La dialéctica legalidad vs legitimidad está en su punto más extremo. Como abre Eduardo Galeano en su obra Las Venas Abiertas de América Latina – que mejor que recordar su libro el 12 de octubre – “los países se dividen en ganar y otros en perder”. Y los países que ganan son los que negocian.

Pisando suelo, hay tres escenarios posibles para los próximos días dado el esperado cierre a cualquier negociación por parte del Gobierno de Rajoy. En primer lugar, “la ruptura catalana”. Sectores de la derecha catalana, PDeCat, que provienen de un origen no independentista y arrastran sus intereses comerciales, por ello su visión europeísta, pueden claudicar a las presiones del PP y finalmente llevarles a un choque con sectores más independentistas y la CUP, haciendo que la candidatura JXS caiga. Ello puede llevar a consolidar nuevas estrategias a medio plazo entre ERC, Cataluña en Comú y Podem, que apuesten por una Reforma Constitucional en España y que les dé la posibilidad de un Referéndum Pactado. En segundo lugar, “la fortaleza catalana”, es decir, el cierre por parte de Rajoy a cualquier negociación y la aplicación del artículo 155 puede generar un ambiente de represión que haga aumentar la simpatía con la independencia de Cataluña contra el autoritarismo del gobierno español, e incluso ver que respuesta de solidaridad podría crecer en el resto del Estado Español. El gobierno catalán declararía la DUI, y podría ir cuajando presiones internacionales según la represión del PP. Y por último, sin dejar de comentar esta posibilidad hoy impensable,  y depende de las presiones europeas, el PP y el PSOE pueden abrirse llevando a cabo una reforma constitucional que podría acordar dar vía a una nueva reforma y/o aprobación del Estatuto de Autonomía del 2006. De esta manera se buscaría el objetivo de apaciguar, finalmente, el crecimiento del independentismo y generar así una división entre soberanistas e independentistas fieles catalanes, ganando, además, el Estado Español una buena imagen en la comunidad internacional. Las hipótesis irán cayendo o fortaleciéndose en un tiempo muy cercano.

[1] http://www.congreso.es/constitucion/ficheros/leyes_espa/l_018_1987.pdf

Publicado en:

https://elsaltodiario.com/nueva-revolucion/12-de-octubre-de-las-americas-a-cataluna

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¿Por qué muchos votarán SI a la independencia de Cataluña sin ser independentistas?

En los últimos años la dialéctica nacionalista España-Cataluña ha dado un salto cualitativo histórico pasando de ser visto como un conflicto jurídico y cultural a convertirse en un conflicto político y social. Pasar de qué juristas debatan sobre cuáles deben ser las competencias del gobierno catalán o políticos poner flores a Francesc Macià cada 11 de septiembre, a ser el tema político central de debate en los bares (si no se habla de Venezuela por su constancia mediática), llenarse de banderas españolas y catalanas los balcones, o salir centenares de miles de personas a las calles el día de la Diada. ¿Pero qué fue la esencia qué hizo pasar esta cuestión de la élite política a la base social, hablando tipologicamente? La rigidez institucional española.

Repasemos la cercana historia. El hecho de anular el 28 de junio de 2010 el Tribunal Constitucional el nuevo Estatuto Catalán, votado democráticamente en 2006 por los catalanes y catalanas, por un recurso del Partido Popular que satisfizo también a un sector del PSOE (Bono, Ibarra,…) fue el inicio de la aceleración del sentimiento independentista catalán. Transformando autonomistas y federalistas a independentistas. Un sentimiento que no solo sumaba a independentistas catalanes sino también a un amplio sector de demócratas que empezaban a situar a España como un régimen inamovible, un régimen moderno que no había perdido elementos autoritarios del franquismo.

Las primeras elecciones después de esa sentencia, noviembre de 2010, volvían a dar la victoria a la derecha nacionalista catalana de CiU y se reconfiguraba el juego político pasando como eje prioritario la dicotomía izquierda-derecha (tan recuperada por Norberto Bobbio), como había sido hasta el momento con el Tripartit (ERC, PSC, ICV) gobernando desde el 2003, a una nueva dicotomía nacionalista de independentistas-unionistas. En Cataluña, y también en el resto de España, pese a las graves consecuencias de crecimiento de desigualdades, recortes, desahucios, por la crisis económica de 2008 y sus reformas de austeridad, el nacionalismo, por un lado y por otro, llenaba las páginas de los diarios. Mientras al PP y PSOE beneficiaba hablar de la unidad nacional española en un momento de crisis económica, a CiU le valía hablar de Cataluña. Dos polos de poder a quien les incomodaría por igual el movimiento 15M y otras acciones de protesta social.

Unas nuevas elecciones anticipadas en 2012, con el PP en el gobierno de Madrid, clarificó mucho más el escenario nacionalista. No solo aumentó en votos ERC superando al PSC y siendo ahora segunda fuerza en Cataluña, sino que entró en escena, por primera vez a nivel autonómico, una fuerza independentista y anticapitalista, la CUP. Un paso de la calle a las instituciones burguesas, dado su momento histórico. Unos años atrás, ERC y CiU eran rivales políticos en el juego derecha e izquierda, pero ahora iniciaban su cercanía para realizar una consulta popular legal sobre el futuro de Cataluña. Consulta seguida de cerca por la CUP que dibujaba de esta manera el tema del independentismo catalán como un asunto transversal al entrar conservadores, socialdemócratas y anticapitalistas. Finalmente, la prohibición de la Ley de Consultas por el Tribunal Constitucional y convertirse el referéndum ilegal en un acto de protesta contra el inmovilismo español y como suma de conciencia, llevó a la convocatoria de elecciones anticipativas al 2015. Una nueva fecha que dibujaría la correlación de fuerzas.

CiU, afectada por los casos de corrupción del 3% y el Caso Pujol, pasó de un discurso nacionalista que buscaba simplemente mayores competencias a una visión más independentista, dadas las presiones sociales por el inmovilismo del PP, que le llevó a su ruptura interna. Una ruptura con algunos resultados destacados ya que hizo nacer un nuevo partido que buscaba lavar su imagen de corrupción con CiU, el PDeCat. En las nuevas elecciones, en un alto grado de contradicción entre el gobierno central español y el gobierno autonómico catalán sobre el asunto de celebrar un referéndum oficial de independencia como el que se hizo en Escocia sobre el Reino Unido en 2014, el eje catalanista se unificó en una candidatura conjunta con PDeCat y ERC, quedando fuera la CUP por su contradicción interna entre independencia y socialismo. En septiembre de 2015 se celebraron unas elecciones donde el referéndum de independencia fue el asunto central, dejando de lado otros problemas sociales y económicos, y los resultados lo definen.

La participación fue histórica, cerca del 75%. Junts Pel Si se hacía con la fuerza más votado con 62 escaños del total de 135, pero no obtenía la mayoría absoluta del 50% más 1. Una mayoría que necesitaba el apoyo de la CUP, que consiguió un resultado notable, y casi inesperado, pasando de 3 a 10 diputados. Tres partidos que negociarían el llamado proceso de desconexión para celebrar, quiera o no Madrid, un referéndum de independencia. En el bando unionistas, Ciudadanos pasó a ser la primera fuerza con 25 diputados. Su discurso españolista con un acento moderno, a diferencia del PP, atraía a una parte del electorado de clase obrera y de origen inmigrante de otras zonas de España. Un electorado que no llegó a conseguir, según sus expectativas, la coalición de Catalunya Si que Es Pot, formada por la histórica ICV y por el joven partido de Podemos que era visto como el arma electoral del 15M. Poner los aspectos económicos por delante de los nacionales, en un momento peculiar en Cataluña, y querer resucitar la dicotomía izquierda-derecha por encima de independencia-unión no fue una estrategia productiva. Tampoco para el PSC.

En definitiva, en estos 7 años, desde la anulación por el TC del Estatuto de Autonomía, la situación sobre el estatus de Cataluña con España se ha acelerado en la agenda política y en la conciencia social. ¿Cuál será el resultado?, ¿a qué se llegará?,… todavía existe una gran incertidumbre. De lo que se ha evidenciado durante este tiempo es que más allá de la potenciación de la dialéctica nacionalista entre España y Cataluña también ha nacido, y con fuerza, el debate sobre si España es democrática o no lo es. Si está abierta a nuevos momentos históricos o es inamovible.

El hecho de que un 80% de la población catalana exija la celebración de un referéndum legal, tanto para votar Si como No, mientras las instituciones españolas lo sitúan como anticonstitucional, se dibuja un panorama de una España cada vez más estática e inamovible. Y esto nos lleva a una pregunta, más allá del sentimiento nacionalista tanto catalán como español, sobre, ¿si Cataluña se hiciera independiente podría abrir una brecha que pudiera dar la posibilidad de que España se reformase?

Parece ser que el hecho de situarse como principal dialéctica España-Cataluña, por encima del histórico de la izquierda y la derecha, nos haya eliminado la posibilidad de relacionar las dos contradicciones, las cuales pueden ser complementarias. El 1 de octubre podría ser una fecha histórica no solo para Cataluña sino también para España. Vamos con las hipótesis:

– Si Cataluña se convirtiera en un Estado Independiente el primer marco legal que debería llevar a cabo sería la Asamblea Constituyente. Un proceso que volvería a hacer renacer las contradicciones entre la izquierda y la derecha con debates como el blindaje de derechos sociales, la construcción de un ejército propio y su adhesión o no a la OTAN, o qué tipo de sistema económico y financiero. El papel de lo público y lo privado, y de las multinacionales y la banca. Todo un sin fin de cuestiones en un nuevo Estado que dadas las cercanías geográficas, culturales y familiares abrirían también un espacio de debate y lucha en España para reformar el Régimen del 78 o crear una nueva Asamblea Constituyente, de la que hoy poco se habla.

– Otro punto a señalar es que el hecho de haber sido la política inmovilista del PP, y parte del PSOE, una de las causas del crecimiento del movimiento independentista catalán, la llegada de la independencia de Cataluña haría reflexionar de la necesidad de un cambio de modelo de Estado en España. La necesidad de ofertar un modelo plurinacional y descentralizado para que otras naciones, que deberían tener también su derecho a decidir, como la vasca, la andaluza o la gallega, entre otras, dispongan de la oferta de una España diferente y reformada que por condiciones históricas no ha tenido Cataluña a su disposición.

– El hecho de la creación de un nuevo Estado republicano catalán puede tener sus impactos positivos en el movimiento republicano español si se genera una solidaridad internacional y conexión entre Cataluña y España. Si Cataluña ha conseguido ser independiente también se puede conseguir la III República española.

– No solamente la independencia de Cataluña podría llevar a reformar a España, como estamos presentando en las hipótesis anteriores, sino también al quedar excluida de la Unión Europea por un inicio, como confirman las autoridades de Bruselas, se podrá comparar entre Cataluña y España si ser miembro de la UE es un beneficio para el desarrollo nacional o una pérdida de soberanía. Si disponer de una moneda propia es beneficioso para un país. Hay casos como Dinamarca (estar en la UE pero no tener el Euro) o el Brexit, pero España no los mira comparativamente como lo haría con Cataluña por su cercanía y realidades en conexión. Para los euroescépticos la independencia de Cataluña podría tener sus consecuencias sobre fortalecer la postura de un “Spain-exit” en un país tan europeista como España que fue de los pocos que aprobó la Constitución Europea.

– Y la construcción de un nuevo Estado como el catalán, con sus particularidades, haría las contradicciones de clase social más visibles. Como sucedió también en los procesos de liberación de los años 60 y 70. Una contradicción que al igual que se visibilizará en Cataluña también se hará en España. La derecha española no tendría discurso de uso nacionalista como hace actualmente para tapar sus corruptelas y los impactos sociales y económicos de su austeridad.

En definitiva, que Cataluña decida su destino es un principio de la democracia, la autodeterminación, y la soberanía de un pueblo. Cada persona debe tener derecho a votar libremente. Para algunos Cataluña debe estar en la España actual, para otros Cataluña debe ser parte de una España a cambiar, pero para otros, igual de legítimos, Cataluña debe ser independiente no solo para cambiarse a si misma sino también, dialécticamente, para ser causa del cambio en España ya que no sería la misma. No puede existir la actual España sin reprimir Cataluña, por ello si Cataluña se libera una nueva España nacería.

No es malo aprender de los enemigos, muestran sus debilidades. Por ello, en 1935 el conservador español José Calvo Sotelo anunció en un discurso su célebre frase “Antes una España Roja que Rota”. Calvo Sotelo era consciente que la única manera de preservar la España actual, la inamovible, la del tradicionalismo, la derecha y la élite, era evitar que su España se fracturara. Para él un cambio hacia la izquierda en la España actual era insostenible, un fracaso de adaptación. Pero si la España se fracturará entonces si sería posible un cambio en España, hacia una nueva España más democrática y plural. El 1 de octubre no es solo un proceso hacia la democracia para el pueblo catalán, el 1 de octubre es también un acto de batalla para el progreso y el cambio hacia un Estado plurinacional del pueblo español.

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Los impactos constructivos de los atentados terroristas en Cataluña

El mayor atentado terrorista que ha sufrido la ciudad de Barcelona en el siglo XXI ha tenido sus escalofriantes consecuencias negativas que son reiteradas en los medios de comunicación. 15 muertos de diversas nacionalidades, algunos tristemente menores de edad, y decenas de heridos ha producido un sentimiento de escalofrío y dolor apabullante. Posiblemente un dolor que viven diariamente otros pueblos lejanos.

No sería nada nuevo, en un mundo de redes sociales, hablar de lo que todo el mundo ya habla. Por ello, me atrevo, aunque sea demasiado arriesgado por posibles malas interpretaciones a hacer sociología de un fenómeno social vivido estos días en Cataluña, analizando una semana después de los atentados atroces y criminales las posibles consecuencias colaterales provechosas, desde una visión objetiva.

Desde que ocurriera el atropello en Las Ramblas de Barcelona la tarde del jueves 17 de agosto, se han desarrollado varias acciones sociales de suma importancia.

En primer lugar, un fenómeno de tal envergadura ha dado margen a poder examinar la profesionalidad de los medios de comunicación e incluso el uso de las redes sociales. Un experto en comunicación, Pascual Serrano, en su artículo “Urgencias del periodismo tras el atentado en Las Ramblas”[1] detalla la falta de rigor y veracidad de muchos medios por el morbo de la inmediatez por encima de la confusa realidad. Un periodismo que en lugar de informar con pruebas su mantenimiento de audiencia ha hecho generar errores constantes y confusión en la población. Además, el análisis de la comunicación no ha estado exento de cierta metodología comparativa entre la prensa española con la prensa internacional sobre las portadas de las ediciones de los diarios el viernes. Portadas de la prensa española que se parecían a películas de terror haciendo visibles cuerpos de víctimas[2]. El atentado de las Ramblas dejó en evidencia la poca profesionalidad periodística en España y Cataluña.

Otra consecuencia de los atentados fue la eliminación del falso de debate de la turismofobia que se estaba dando en Barcelona las últimas semanas. Un debate que se aceleró con pintadas “Tourist Go Home” o las protesta de la CUP con acciones en un bus turístico[3]. Después del jueves 17, con varios turistas muertos, nadie coherente se ha atrevido a volver a hablar de la turismofobia. Justamente, Barcelona es una de las ciudades más turísticas del mundo, y los atentados no fueron en realidad un ataque hacia la población local como si pudo ser el atentado que sufrió Madrid en 2004. Sabiendo que en Las Ramblas o Cambrils en pleno agosto hay más turistas que autóctonos, los atentados fueron justamente un ataque hacia una sociedad global. Y por ello, hablar ahora de turismofobia sería una falta de respeto a los turistas heridos y fallecidos en el ataque terrorista.

El siguiente acto como acción provechosa colateral fue la respuesta inmediata por parte de vecinos de Barcelona contra la concentración neofascista el viernes 18. Media centena de ultraderechistas de Democracia Nacional y la Falange se ubicaron frente al mercado de la Boquería con el lema “stop islamización de Europa” pero rápidamente más de 300 vecinos hicieron una contramanifestación para que los Mossos de Esquadra les expulsará. Barcelona resucitó su imagen histórica internacional contra el fascismo[4]. Barcelona se volvió a vestir del grito No Pasarán.

La movilización social por los Derechos Humanos, la solidaridad, la interculturalidad, y la fraternidad entre los pueblos, religiones y etnias no solo quedó en este evento antifascista. Durante toda la semana población autóctona, emigrante, islámica, católica, atea,… se ha concentrado en Plaza Cataluña, Las Ramblas, u otros lugares, para demostrar al mundo que Barcelona es una ciudad bien acogedora y pacífica, que apuesta por vencer los estereotipos y prejuicios de relacionar a varios terroristas con más de mil millones de musulmanes que hay en el mundo. Barcelona ha conseguido esta semana relucir su alta cultura democrática como modelo a nivel internacional. Sin obviar comentarios o acciones racistas que se han producido, sobre todo en las redes. Además, la convocatoria de la manifestación multitudinaria que se celebrará el sábado 26 de agosto en Barcelona hará que la ciudad condal sea ese día el centro mundial de la paz, la convivencia, y la solidaridad, como fue la movilización masiva del pasado mes de febrero en solidaridad con los Refugees[5].

En relación a este apartado, sobre la manifestación del sábado, hay que señalar que a diferencia de las movilizaciones contra los atentados terroristas en otros países, como Francia, finalmente se ha acordado que sea la ciudadanía y las instituciones que han hecho frente a los impactos de los atentados (servicios de seguridad y sanitarios, organizaciones ciudadanas,…) las que encabecen esta manifestación. Una manifestación que representa a la sociedad por encima de las instituciones, que además no sólo deja en segunda plano a la clase política sino que gracias a presiones de organizaciones como la CUP finalmente el monarca español Felipe VI no encabezará esa concentración. La ciudadanía democrática por encima de la monarquía constitucional.

Otra acción colateral, y más allá de centrarnos en el debate de la independencia de Cataluña, tan actual por el Referéndum del 1 de Octubre, es la imagen positiva que se han otorgado las instituciones catalanas para hacer frente a los atentados terroristas. Sin olvidar varias historias anteriores represivas por parte de los Mossos de Esquadra, como contra los estudiantes críticos con el Plan Bolonia[6], es verdad que los cuerpos de seguridad han realizado un papel activo y comunicativo que ha hecho aumentar su legitimidad en la sociedad catalana. Patricia Plaja, la community manager de los Mossos, elaboró un plan comunicativo que fue contundente, preciso, alertando de prudencia, e informando paso a paso de cada actividad con su información contrastada. Esa imagen de los Mossos a nivel comunicativo, además de sus acciones de seguridad ciudadana rápidas y efectivas, dio un elevado nivel de confianza a la población local.

Además, el prestigio de su profesionalidad fue también potenciado por sucesos humorísticos en la política como el trending topic del jefe de los Mossos al responder “Bueno, pues molt bé, pues adiós” al periodista que le criticó que hablará en catalán, cuando respondía en el idioma que se le preguntaba. Una imagen que volvió, además, a fortalecer el bilingüismo que hay en Cataluña, pese a las críticas y manipulaciones de la derecha española. En definitiva, el papel de los Mossos ha sido calificado de excelente por varias instituciones internacionales pese a sus limitaciones jurídicas al no ser una fuerza estatal, y eso ha potenciado la imagen de Cataluña en su posibilidad de construir un Estado propio.

Otro de los puntos que ha sido muy visible en las redes sociales, ha sido el crecimiento de la crítica de la sociedad catalana y española en la venta de armamento militar a Arabia Saudí, y las relaciones bilaterales históricas de la monarquía española con el régimen tirano saudí. Unas relaciones potenciadas por el Partido Popular, al igual que con Qatar. No solo se ha criticado la venta de armas de España a Arabia Saudí por su tiranía y su injerencia en Yemen causando una de las mayores crisis humanitarias del siglo XXI, sino también por el vínculo de Arabia Saudí con el terrorismo internacional sunita que se enmarca bajo una doctrina expansionista. Los atentados volvieron a reabrir el debate de mantener España relaciones comerciales con uno de los países que alimenta el terrorismo internacional, y periodistas como Antonio Maestre de La Marea ha dejado claro en varios escritos los vínculos españoles con Qatar y Arabia Saudí[7].

Es duro decir que por el atentado de Barcelona, y también de Cambrils, se han producido algunos impactos positivos por sus efectos colaterales, pero si cerramos los ojos como ciudadanos científicos hacia ciudadanos sentimentalistas por todo lo ocurrido estos días, jamás podemos analizar con exactitud el contexto social y político. Por ello, algo que todavía no se ha conseguido ni tras el atentado de Madrid, París, Londres, Barcelona,…. es analizar a nivel de conciencia social las verdaderas causas de este terrorismo internacional. Los enemigos están más cerca de lo que pensamos.

[1] http://blogs.publico.es/otrasmiradas/9951/urgencias-del-periodismo-tras-el-terrorismo-en-las-ramblas/

[2] http://www.eldiario.es/rastreador/cuenta-prensa-atentado-Barcelona_6_677242270.html

[3] https://elpais.com/ccaa/2017/07/30/catalunya/1501406046_864519.html

[4] http://www.eldiario.es/catalunya/Barcelona-antifascistas-asistentes-manifestacion-islamofoba_0_677183000.html

[5] https://elpais.com/elpais/2017/02/18/album/1487433362_060661.html

[6] https://www.youtube.com/watch?v=1VJ4B08ySEk

[7] http://www.lamarea.com/2017/08/19/dinero-del-wahabismo-arabia-saudi-qatar-espana-parte-1/

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Intervención en HISPAN TV: ‘Líderes occidentales, culpables de actos terroristas en el mundo’

Un ataque en una zona turística de la ciudad española de Barcelona causa 13 muertos y unos 80 heridos, varios de ellos de gravedad.

El grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) se ha atribuido la autoría del atentado. Una furgoneta ha atropellado a una multitud en Las Ramblas. La policía ha confirmado que se trata de un ataque terrorista coordinado.

Han detenido a dos personas y buscan a otros presuntos participantes en el atentado. Tras el atropello, las fuerzas policiales desalojaron la zona. Toda el área está cerrada y la sobrevuela un helicóptero.

El sociólogo Anibal Garzón aborda el tema desde Barcelona en una entrevista con HispanTV.

http://www.hispantv.com/noticias/espana/350770/ataque-terrorista-barcelona-estado-islamico-occidente

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PSOE, ¿aliado o enemigo de PODEMOS?

Con sonidos de paz y tranquilidad, pero rebeldía y excitación de contenido, pronunció Eduardo Galeano su esplendido discurso poético “El Miedo Manda”. Si un pueblo tiene miedo, el pueblo obedece a ese miedo.

Entre los aires ibéricos de aquel 15 de Mayo de 2011 miles de personas salieron a las calles enfrentándose a ese miedo. Indignados contra ese miedo. Las mujeres se echaron a protestar contra el patriarcado, los jóvenes contra la pérdida de calidad educativa, los y las trabajadoras contra la precariedad, los jubilados contra los recortes en pensiones, los desahuciados contra dormir las familias en las calles frías y ruidosas,… y un sin fin de luchas particularidades dijeron No al Miedo Global. Asambleas en las calles, manifestaciones, fiestas y alegrías, defensa contra las represiones,… no había límites. Una masa hizo temblar a los representantes con el lema “no nos representan”.

La pérdida del miedo hizo clarificar quiénes son los de arriba y quiénes son los de abajo. Arriba, el poder económico y financiero del IBEX 35, el poder militar del mismo monarca Juan Carlos I, el poder mediático del Grupo Prisa, entre otros, y  como no el poder político bipartidista a nivel estatal entre PP y PSOE y sus aliados periféricos. Y abajo el 99% de la población.

Tras las protestas, con gran eco internacional, surgió la tesis de no quedarse solo en las calles sino también entrar en las instituciones. Tipológicamente protestando se destruye, pero gobernando se construye. Y ahí surgió el nuevo partido político Podemos y su famoso “Asaltar los Cielos, el cielo no se toma por consenso sino por asalto”. Podemos “Movió Ficha” a inicios de 2014 para “Tomar el centro del Tablero”. Su primera batalla a nivel electoral con un discurso duro contra la “casta” fue las elecciones europeas de Mayo de 2014. Se consiguió hacer que “el miedo cambiase de bando” y la “alegría” colectiva, tan afectada por los planes de austeridad del PP y PSOE, fuera un deseo común. Podemos ganó más de 1 millón de votos y se posicionó como curta fuerza política. Un entrante que abrió rápidamente el apetito.

La agenda electoral venía cargada para el 2015. Elecciones municipales en mayo, algunas autonómicas como las complejas de Cataluña en septiembre, y las generales a finales de ese año. Rápidamente se crearon círculos de Podemos en miles de municipios, autonomías e incluso sectoriales, y se realizaron elecciones primarias para elegir a los consejos ciudadanos. Como la fábula de los tres cerditos y el lobo feroz, finalmente el cerdito que hizo frente a los ataques del canis lupus fue el que mejor trabajo su refugio, dedicando tiempo y sudor. Y como Podemos en lugar de basarse en la agenda social, que los tiempos son más lentos, se centró en la rápida agenda política institucional, y ello le llevó a sufrir desajustes y temblores en su construcción, tanto en la base como en la cima. Una construcción con brechas que hacia más fácil sufrir los ataques del enemigo. Soplos del lobo contra Podemos con aliento a Venezuela, Irán, corrupción, ETA,… acusaciones y querellas que quedaron archivadas a nivel legal pero, con la complicidad del poder político y económico, los medios contaminaron a la opinión pública.

Muchos participante del 15-M, o que no estuvieron activos pero les pareció una protesta legítima, que apostaron por Podemos en el lema del “no nos representan”, “no somos izquierda o derecha”, y contra la “casta”, PP y PSOE, empezaron a alejarse del partido por las batallas internas y el exceso nivel de institucionalidad. Exceso a nivel que las calles quedaban en segundo plano. Una falta de construcción de relación entre ética de partido y ética de movimientos sociales, algo tan vehicular en las realidades de América Latina. Esta crisis en Podemos fue percibida por altos dirigentes de Podemos, entre ellos el mismo astuto estratega Pablo Iglesias, y por ello era necesario cortar la dicotomía entre “pablistas” y “errejonistas” que justamente realimentaba la crisis.

Podemos se encuentra hoy en una situación compleja, entre la esencia de su nacimiento y la existencia de su actualidad. Entre romper con la vieja institucionalidad o ser parte de ella. Entre la visión gramsciana de acabar con lo viejo o no nacer lo nuevo. Entre seguir siendo una consecuencia del 15M  o pasar a ser parte de los partidos que hicieron nacer ese 15M. Y ahí entra el debate de fondo. La relación de Podemos con el Partido Socialista.

Podemos nace justamente por un vacío, no solo a nivel de España sino de casi toda la Unión Europea, del espacio histórico de la etiqueta de la socialdemocracia. La supuesta centralidad de Podemos, no centrismo, es finalmente la pérdida de orientación de una gran parte de la población a causa del pacto no formal del bipartidismo. Con un Partido Popular más a la ultraderecha neoliberal y un PSOE ocupando el espacio de la derecha moderada. Dos partidos con la misma política económica de recortes y la austeridad (infraestructura), pero con algunas diferencias en superestructura (valores, como aborto u homosexualidad), que reformaron la Constitución en 2011 sin soberanía popular. Una convergencia que su visibilidad actual, como los tantos puntos en común entre González y Aznar y sus “puertas giratorias”, nos da a entender ese amorfo bipartidismo de los últimos 30 años. Un bipartidismo monárquico, europeísta, otanista, neoliberal, desindustrializador, a favor del debilitamiento sindical y asociativo, y por el centralismo del nacionalismo español. La socialdemocracia en España murió en los años 80, e Izquierda Unida por su origen comunista, más que por su programa político, nunca consiguió ocupar ese vacío. Podemos consiguió la llave y por ello finalmente se creó la coalición de Unidos Podemos. De pasar de “ni izquierdas ni derechas” a querer convertirse en la nueva unida izquierda estatal.

Si la derechización del PSOE y el vacío de la socialdemocracia le dio vida y fuerza a Podemos, contrariamente la “izquierdización” del PSOE y la recuperación de la identidad socialdemócrata puede ser una causa de futuro debilitamiento en Podemos. Y los socia-listos (concepto despectivo en referencia a su élite y no a militantes de base o simpatizantes) lo saben. Por ello, el cambio de imagen del ganador en primarias, Pedro Sánchez, de ser el conservador del PSOE en las primarias de 2015 a ser el más progresista del partido en las primarias de 2017 han dado mas puntos en intención de voto al partido. Una estrategia que busca como principal función, no un pacto gubernamental o tácticas con Podemos para desbancar al PP, sino retener a que Podemos pueda convertirse en la primera fuerza de oposición. El Sorpasso, el escalón previo a poder Podemos ganar las elecciones generales. Un objetivo que tiene como necesidad no solo obtener votos de otros partidos, sino de algo que poco se habla, reducir la abstención. Un mal que perjudica a la izquierda.

La estrategia antipodemos de Pedro Sánchez ya está en marcha. Lanzando una de cal y otra de arena. Mientras Pedro Sánchez dice querer crear una agenda común con Podemos para hacer frente al PP no apoya la Moción de Censura de Pablo Iglesias contra Rajoy. Mientras Pedro Sánchez habla de Estado Plurinacional copiando la propuesta de Podemos, criminaliza el derecho a decidir del pueblo catalán como hace el Partido Popular. Mientras el PSOE apoyó la propuesta del CETA, Tratado de Libre Comercio entre UE-Canadá, a última hora se abstiene sabiendo que se aprobaría igualmente sin contar sus votos pero su abstención eliminaría a Podemos como líder de oposición a ese tratado neoliberal. Mientras Pedro Sánchez habla de agenda de izquierdas, cuenta en su agenda con un actor de derechas y marca blanca del PP, Ciudadanos.

Podemos vive un debate existencial que le debe llevar a redefinir su posición. Una estrategia a medio plazo, Rumbo 2020, pero más rupturista es situar al PSOE como enemigo político y desenmascarar su falso espacio en la izquierda y la socialdemocracia. Denunciando Podemos todas sus desviaciones entre discurso social y práctica mercantilista, y las cercanías del PSOE con el PP. Recuperar así la esencia del concepto casta, el falso bipartidismo, e ir más allá de las instituciones. Una estrategia de choque. Y la otra estrategia, posiblemente a corto plazo, es acercarse Podemos al PSOE para generar un frente de presión contra el PP e intentar que PSOE de un giro hacia algunas políticas progresistas. Algo que ya protagonizó IU a inicios del siglo XXI, posiblemente por el supuesto complejo de la “pinza”, y fue su gran fracaso camino a la extinción. Una estrategia de consenso. Entre las dos, choque o consenso, yo me quedo con la primera. El Miedo no debe mandar al pueblo, Pablo, nos lo dijo el maestro Galeano.

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