El Estado Español y sus fronteras; a años luz de Gran Bretaña

Tasio Felipe Otegi Free[1]En esta semana ha sucedido un evento histórico en Irlanda. El Príncipe Carlos de Inglaterra tuvo, por primera vez, un breve encuentro y apretón de manos con el líder del partido independentista norirlandés Sinn Féin. El conflicto norirlandés se reactivó en 1968 y dejó centenares de muertos entre todos los diferentes actores armados; las fuerzas británicas, unionistas, e independentistas del IRA identificados, por algunos, como el brazo armado del Sinn Féin. Un partido político que nunca fue ilegalizado. En 1998 se inició el Proceso de Paz, llamado Acuerdo de Viernes Santo, y que finalmente dio paso al inicio del proceso de disolución de los grupos armados no oficiales y la ampliación de las competencias autonómicas a Irlanda del Norte. Otra disputa nacionalista en tierras británicas, en este caso sin armas por medio, fue el referéndum de autodeterminación que se llevó a cabo en Escocia el pasado 18 de septiembre donde mediante plebiscito popular la sociedad escocesa eligió su futuro; seguir o no en Gran Bretaña. El 55,3% de los votantes aceptó que Escocia continuará siendo parte de Gran Bretaña.

Comparativamente, en el Estado Español se viven dos situaciones similares con el caso catalán y caso vasco pero usando guías de muy baja calidad democrática. En el ejemplo catalán el anterior 9 de noviembre finalmente no se realizó ni siquiera una consulta popular oficial, una simple medición sin resolución política, al no ser aceptada por el gobierno central de Madrid, controlado por el Partido Popular, y el mismo poder judicial del Tribunal Supremo. El pueblo catalán no tuvo solo el elevado derecho democrático de autodeterminación como si lo disfrutó el pueblo escocés sino que tan siquiera el mediocre derecho a ser consultado. En la otra situación, el caso vasco, es impensable que el líder político de la izquierda independentista vasca, Arnaldo Otegi, tenga un breve encuentro con el Rey Felipe VI. No porque no sean cercanos políticamente, al igual que no lo son el Príncipe Carlos y Gerry Adams, sino porque Otegi sigue envejeciéndose sin ninguna justificación judicial coherente en las cárceles españolas. ETA como también hizo IRA ha puesto sobre la mesa acabar con el conflicto armado pero el gobierno español, a diferencia del gobierno británico, no ha reflejado en ningún momento su interés. ¿A qué se debe?

En definitiva, tanto ETA como el catalanismo siguen siendo dos comodines del Partido Popular, muy usados en la campaña electoral de estos días, para obtener votos en una sociedad que sufre graves consecuencias por las medidas neoliberales y los planes de austeridad que implementa el mismo gobierno. Una sociedad, que a diferencia de la británica, sigue padeciendo sin darse cuenta el déficit democrático que generó 40 años de dictadura fascista

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