Artur Mas; el populismo oculto

artur-mas-mesias-supleNos cuesta recordar en época reciente el sonido de unas campanadas de fin de año con tanta incertidumbre política. El 2015 podrá ser dibujado en los libros de historia como el año que murió sin el pueblo saber quién será tanto el Presidente Catalán como el Presidente Español.

El caso español es más sencillo de explicar dado que al haberse celebrado las Elecciones Generales el 20 de diciembre era muy posible no tener Presidente definido para la nueva legislatura si no se daba una mayoría absoluta, pero el caso catalán es más complejo ya que hace 3 meses de las elecciones autonómicas y todavía no hay Presidente.

No sabremos hasta el año que viene (no pienses a largo plazo ya que ese año llega dentro de 24 horas) que sucederá en Catalunya, pero la cuestión esencial no es qué predecimos, no somos futurólogos de telebasura, sino qué se ha construido y qué se ha dejado de construir.

La principal dicotomía que se ha generado desde el discurso del poder catalán, a pesar de existir más posibilidades, es que si “Mas es Presidente el Proceso Catalán para la Independencia Unilateral continúa, pero si Mas no lo es el Proceso muere con nuevas elecciones autonómicas”. Esto construye una realidad tan simplista y populista que finalmente el llamado Proceso de Independencia (que de independencia puede que haya borrosidad porque la dependencia al modelo económico de desmantelamiento del Bienestar continuará con Mas sea con 2 o 4 rayas rojas en la bandera) depende de una persona y no de un proyecto nacional en su conjunto.

La CUP desde la campaña electoral dijo en todo momento que no investiría a Mas mientras si daría investidura a otros actores de Junts Pel Sí como Junqueras o Romeva, pero aún así Mas no ha cedido. Por lo tanto, en lugar de etiquetar a la CUP, como han hecho muchas voces de Junts pel Sí, de paralizar el proceso de independencia de Catalunya, ¿lo lógico no sería afirmar qué el proceso del futuro de una nación está paralizado por una persona, el señor Artur Mas?

El discurso dominante catalán, elaborado por Junts Pel Sí, e incluso el supuesto contrario dominante español, elaborado por el falso bipartidismo PP y PSOE, han coincidido desde su visión burguesa en no culpabilizar el comportamiento ególatra de Mas como debería. Algo en común tienen. También poco habló de ello ERC. Y tantos unos como otros han visto bien centrar la independencia en un personaje y dejar el pueblo en segundo lado. Desde la burguesía catalana porque quiere construir un proceso chovinista de arriba hacia abajo y así es más fácil evitar el empoderamiento de las masas que puede llevar a transformaciones económicas contra sus intereses, y desde la burguesía española porque siempre será más sencillo controlar los movimientos de independencia dados en una élite que fácilmente se ha vendido varias veces en la historia por sus intereses económicos, como en la Guerra Civil Española, que en un pueblo rebelde.

En todo este panorama de choques y coincidencias entre burguesías posiblemente ha faltado un mayor frente popular en la batalla de ideas y construir una posición contrahegemónica contra Mas. Posiblemente existió miedo a que esa contrahegemonía catalana fuera utilizada por el PP o PSOE  y un indicador de ello es que las asambleas de la CUP han pasado de un No masivo contra Mas a una equidad de posiciones.

Los mismos medios de comunicación, incluso los españoles, en pocas ocasiones han etiquetado a Mas de populista (concepto en si mal definido ya que en definitiva hace referencia negativa de sobreliderazgo y a un cierto culto a la personalidad) mientras han hecho su uso cotidiano contra todo aquello que no es de su agrado a nivel internacional, el caso de Hugo Chávez o Maduro en Venezuela es un ejemplo. Periodistas de la ultraderecha española que les gusta mucho usar el término populista, como Eduardo Inda, poco lo usan contra Mas.

Al igual que las guerrillas se construyeron con armas del mismo sistema, también la contrahegemonía ideológica se construye con conceptos del poder. Lo importante no es la herramienta en sí sino el uso que se le da. Y por ello todas las organizaciones democráticas de Catalunya han tenido un arma sobre la mesa que no se ha utilizado; “criticar conjuntamente el populismo y el culto a la personalidad de Mas como principal enemigo de la soberanía popular y el derecho de autodeterminación de Catalunya”, nunca sin olvidarse de los movimientos del nacionalismo excluyente español del PP, PSOE y CIUTADANS. Una contradicción que poco se ha visibilizado en los medios de comunicación y en la sociedad catalana en su conjunto.

Catalunya no es un “Mesías”, Catalunya es un Pueblo. Un pueblo que más allá de saber si la mayoría es independentista, unionista, federalista, autonomista, y un sin fin de -istas, lo que quiere es poder decidir democráticamente su futuro. La principal victoria contra el Régimen del 78 y sus antecedentes no es el resultado final sino el medio, “la soberanía popular”

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