Aznar y su Guerra en Irak: el más fascista de las Azores

Era un 15 de marzo de 2003. Los tres mandatarios, Bush, Blair y Aznar, en compañía del anfitrión portugués Barroso, se reunían en las Azores para preparar la invasión de Irak y derrocar a Sadam Hussein. Un evento que hacía odios sordos a la comunidad internacional. Desde la negativa por parte del Consejo de Seguridad de la ONU de realizar una intervención militar, apoyándose en el informe del Organismo Internacional de Energía Atómica que tras 3 meses de investigación negaba la existencia de Armas de Destrucción Masiva a manos de Hussein[1],  hasta miles de manifestaciones en centenares de ciudades de todo el  mundo con el lema “NO a la Guerra”.

5 años más tarde, con una población iraquí llena de sufrimientos y penas por el destrozo material y moral de la injerencia militar de Occidente, Bush en su proceso de Presidente saliente afirmó en una entrevista que su mayor error fue creer que en Irak había armas de destrucción masiva[2].  Las supuestas fuentes de verificación que presentó el jefe de la diplomacia estadounidense en aquel momento, Colin Powell, ante el Consejo de Seguridad de la ONU sobre la existencia a manos de Sadam Hussein de esas armas de destrucción masiva y que justificaron la invasión, fueron finalmente consideradas por Bush, años después, como erróneas. Seguidamente, en 2010, el expresidente estadounidense, sin jamás pedir un perdón oficial, en un entrevista de la cadena NBC señaló que el no “quería ir a la guerra sino usar la vía diplomática”[3].

El segundo mandatario de ese trío de las Azores, Tony Blair, en una entrevista en la CNN en octubre de 2015 pidió disculpas, un paso más allá de Bush, por su papel en la Guerra de Irak. Su perdón se enfocó en haber usado información de inteligencia errónea, una información que no aceptó jamás el Consejo de Seguridad de la ONU, y en no prever el caos que desataría el derrocamiento de Sadam Hussein, en referencia al nacimiento del tan extraño Estado Islámico (ISIS).

Y finalmente, tenemos al exmandatario español, José María Aznar. En un espacio de entrevista muy diferente al de Bush y Blair, en su hogar  y lejos de un plató de televisión. Hablando de su amor con Ana Botella y de otros temas de su vida íntima y entrevistado por el cantante franquista Bertín Osborne en su programa de farándula española “Mi Casa es la Tuya”, Aznar también argumenta sobre la Guerra de Irak. Entre los 3 mandatarios del Trío de las Azores, Aznar no sólo no ha sido el único que jamás ha reconocido que la Invasión de Irak fue un error sino que además, y como señala en la entrevista, “volvería a las Azores una y mil veces”.

Las declaraciones de Aznar no solo burlan los informes internacionales que corroboran que no hubo armas de destrucción masiva en Irak, sino todo el dolor de una guerra y sus daños colaterales. Una guerra que provocó 4.446 muertes de soldados estadounidenses, la mayoría de clase baja para poder pagarse sus estudios universitarios o tener un trabajo más estable para mantener a su familia, 179 soldados británicos, y 11 del cuerpo militar español. Una guerra, que según un informe de la revista Plos Medicine coordinado por Amy Hagopian[4], de la Universidad de Washington, la cifra total de muertos en la invasión ha sido de 460.800 personas, siendo el 60% víctimas directas de la guerra y el 40% por el colapso de los servicios de salud e infraestructuras dado el contexto bélico en Irak. Además, la Invasión de Irak ha provocado 3,3 millones de desplazamientos los últimos años según ACNUR[5]. Y sin olvidar, jamás, que la entrada de España en el conflicto armado hizo peligrar a la población civil española, la misma que el 90% estaba en contra de esa invasión. El 11 de Marzo de 2004, finalmente,  murieron 198 personas en el Atentado de Atocha por culpa del Trío de las Azores.

En conclusión, el hecho que Bush y Blair se “autocritiquen” sobre su injerencia en Irak, tras la presión de varios informes como el último del exfuncionario británico John Chilcot que deja en evidencia las mentiras para justificar la intervención[6], mientras Aznar siga paralelamente defendiendo en público rotundamente su actuar en una de las salvajes ocupaciones del siglo XXI refleja una de las debilidades de la Trama española, la falta de cultura democrática y la permanencia de brotes de fascismo en la élite española. Posiblemente un problema que padecemos hoy por pintar la Transición Española como etapa finalizada cuando todavía está presente.

[1] http://www.un.org/es/documents/sc/scaction/2003/iraq.htm

[2] http://www.20minutos.es/noticia/433470/0/bush/irak/armas/

[3] http://www.publico.es/internacional/bush-no-queria-guerra-irak.html

[4] http://esmateria.com/2013/10/15/la-guerra-de-irak-provoco-medio-millon-de-muertos-en-ocho-anos/

[5] https://eacnur.org/es/actualidad/noticias/emergencias/el-conflicto-en-irak-se-recrudece-provocando-nuevos-desplazamientos

[6] http://www.huffingtonpost.es/2016/07/06/informe-chicot-irak_n_10833104.html

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“UE desconocerá los apoyos de Reino Unido posbrexit a Gibraltar”

España denuncia el tono del Reino Unido sobre Gibraltar, así que el canciller español, Alfonso Dastis, dijo que en Londres están perdiendo los nervios.

También consideró que “la tradicional flema británica brilla un poco por su ausencia”. Así reaccionó Dastis a las polémicas declaraciones de un exdirigente del Partido Conservador británico Michael Howard.

Este fin de semana, Howard aseguró que la primera ministra del país, Theresa May, estaría dispuesta a embarcarse en una guerra por mantener la soberanía de Gibraltar.

El sociólogo y analista Aníbal Garzón aborda el tema en una entrevista con HispanTV desde Barcelona (noreste de España).

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Con elección en Ecuador se juega el rumbo del país y de América Latina

Según el sociólogo y analista Aníbal Garzón Baeza, la de Ecuador es una elección que no solo define el rumbo del país, sino del continente. En ese aspecto, enumeró los retos que enfrenta, por ejemplo una campaña que desde la oposición acusa al actual gobierno de dictatorial, lo que acusa demagogia y una falta de democracia, cuando tendría que manejarse de manera democrática.

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Europa no está cambiando, Europa ya cambió. ¿Qué alternativas hay?

El 2016 ha sido un año que muchos analistas lo han calificado como el inicio del fin de la Unión Europea (UE) a causa de 3 importantes sucesos. El primero, la victoria electoral del BREXIT y la consecuencia de la dimisión del conservador europeísta, a la manera británica, David Cameron. El segundo evento, la derrota del Primer Ministro italiano Matteo Renzi en el referéndum constitucional y su posterior renuncia. Y el tercero, la cercana posible victoria de la ultraderecha euroescéptica del Partido de La Libertad (FPÖ) en la segunda vuelta de unas repetidas elecciones en Austria. Además, y como complemento electoralista externo, se impuso en Estados Unidos, el principal socio internacional de la UE, el candidato que más atacó la integración europea durante la campaña, Donald Trump.

En las ciencias sociales para explicar un fenómeno social, político y/o económico, se analizan las causas del mismo, pero muchas veces estas causas son situadas erróneamente al usar un corto espacio de tiempo y sin utilizar un método comparativo. A todo esto, como primer error tenemos que la crisis actual de la UE se pretende enmarcar, en el discurso oficialista, como una consecuencia política automática de la crisis económica y financiera de 2008. Y como segundo, el análisis es insuficiente si no se compara con otras grandes crisis como el Crack de 1929 o el de 1973. Sin olvidar que son tiempos diferentes, donde intervienen algunas novedosas variables.

La primera gran diferencia de estas dos crisis con la actual, la de 2008, es el papel que ha jugado la histórica socialdemocracia o lo que algunos autores, como Francisco Louça, han llamado “centro” cuando por diferentes posiciones se han acercado a la derecha olvidando su esencia del pacto histórico entre capital-trabajo. En 1929 en Estados Unidos, bajo el liderazgo del demócrata F.D Roosevelt, y posteriormente en la Europa occidental de la posguerra con hegemonía de la socialdemocracia, se apostó por edificar el Estado del Bienestar como solución a la crisis de sobreproducción. El Estado pasó a ser un amplio agente económico como productor y consumidor, con la propiedad y/o gestión de grandes empresas públicas, para intentar solucionar el alto nivel de desempleo y las carencias de unas organizadas clases populares. Estas medidas Keynesianas no sólo fueron implementadas por las burguesías nacionales más progresistas, contra la línea más conservadora, dado el crecimiento de la fuerza de los movimientos obreros y populares en la crisis económica sino también por el pánico occidental a que esos movimientos fueran inspirados con el modelo soviético. En definitiva, si la socialdemocracia lideró la izquierda institucional occidental no anticapitalista vendiendo la construcción del Estado del Bienestar a las clases populares, con educación y salud pública entre otras esferas, no fue por otra esencia que el “miedo al comunismo”. La lucha de clases era evidente, y la socialdemocracia era el mejor actor, originado en la misma II Internacional, para apaciguar las contradicciones.

En la crisis de 1973, por la subida de los precios del petróleo entre otras causas, en Occidente el “miedo al comunismo” seguía jugando un aspecto central en plena Guerra Fría, y la socialdemocracia europea pese al déficit y los desajustes macroeconómicos apostó por seguir con el Estado del Bienestar. No era el momento de destrozar el pacto capital-trabajo e iniciar su derechización con un Partido Comunista Italiano muy fuerte, y los más que pronosticados derrocamientos de las dictaduras de Portugal, España, y Grecia, donde la socialdemocracia jugaría un papel central para retener la fuerza del marxismo en los movimientos populares y de liberación. El ejemplo cercano de esta estrategia fue el mismo Congreso Extraordinario del PSOE en 1979 liderado por el “socialista” Felipe González.

Los años 80, con un bloque soviético cada vez más deteriorado y con un eurocomunismo occidental que hacía ya no “dar tanto miedo”, fue la década del inicio del cambio que hoy padecemos muchas de sus consecuencias. El cambio a favor de unos pocos. El proyecto neoliberal entre Margaret Thatcher y Ronald Reagan, inspirado en la Escuela de Chicago del Premio Nobel de economía Milton Friedman, empezó su camino. Y América Latina fue el mejor laboratorio para aplicar la prueba del “Consenso de Washington” con apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial (BM) contra el modelo de Substitución de Importaciones. Un continente aplastado previamente por dictaduras militares en los años 60 y 70 con el objetivo de eliminar cualquier olor a comunismo o “cubanización” que hizo desaparecer por sus masacres a una generación de líderes sociales. Por ello, América Latina era el mejor ambiente para implementar políticas de ajuste estructural mediante un Pacto de Estado entre socialdemócratas, que violaban sus principios esenciales, conservadores y liberales.

Tras la prueba en el Sur le tocó el turno al Norte. En la Europa de los 90, ya con un bloque soviético desaparecido y con la mayoría de Partidos Comunistas desinflados o reconvertidos al ecosocialismo parlamentario, “el miedo” se había convertido en el “Fin de la Historia”. Y aquí viene el primer suceso que es hoy una de las causas de la crisis de la UE y que poco se discutió en su momento y sigue sin discutirse hoy día; el Tratado de Maastricht promulgado en 1993 y aprobado por un pacto entre socialdemocracia (falso centro), liberales, y conservadores, con resistencia casi nula de los excomunistas. Este Tratado abría el camino al Euro, al Banco Central Europeo, la privatización de empresas estatales, la reducción del gasto público de los Estados no siendo superior al 3% del PIB, y en definitiva substituir la soberanía de los Estados de la UE y sus políticas históricas del Bienestar por una nueva economía globalizada hacia la flexibilización laboral, los Tratados de libre Comercio y el modelo productivo postfordista apostando por las transnacionales.

Europa ya cambió. Con el fin del pacto capital-trabajo, la crisis de los partidos comunistas, o la socialdemocracia apostando por el neoliberalismo, la mayoría de la izquierda quedaba huérfana y las clases populares sin referentes políticos. La UE tuvo un camino más llano para alejarse más de la ética de su himno, la alegría. En lo económico, como ya hemos señalado, por su apuesta hacia el neoliberalismo, el “libre comercio” como el TTIP o CETA, y los Planes de Ajuste Estructural endeudando ilegítimamente a los Estados. En lo político, hacia un distanciamiento entre la ciudadanía y las instituciones debilitando la moderna histórica democracia occidental al aprobarse el Tratado de Lisboa, la Carta Magna europea tras el fracaso del Tratado Constitucional, sin un Proceso Constituyente o participativo. Y en lo militar e internacional, seguir anclada de manera poco soberana e independiente en la política e injerencia de los Estados Unidos, con la OTAN y sus bases militares, reproduciendo la Guerra Fría y el choque contraproducente contra la vecina Rusia o la “Guerra contra el Terrorismo”.

Finalmente, con una institucionalidad europea cada vez más fracturada y con una izquierda cada vez más desorientada hablando de lemas pero no de definiciones – Otra Europa es posible, pero ¿qué Europa sería? -, que luego han provocado desencantos como el de Syriza en Grecia u olvidos como la excepcionalidad de Portugal, quien gana espacio en las clases populares con un simplón discurso, contaminado de chovinismo y xenofobia, es la ultraderecha que vende salirse de la UE. En el siglo XXI ser euroescéptico se ha convertido falsamente ser de ultraderecha porque la misma izquierda lo ha consentido. La izquierda tiene hoy que decantarse por uno de los dos caminos para no generar ambigüedades y ser un simple segundón; o SI a la UE con un proyecto claro y radical de Asamblea Constituyente antineoliberal con el No a la Deuda Ilegítima y la Troika para volver a “dar miedo” al eje liberal, la falsa socialdemocracia y los conservadores – proyecto que puede ser liderado en el Sur de Europa y jugar Podemos un papel trascendental – o NO a la UE como estrategia de liderar el euroescepticismo apostando por Estados-Nación frente a los neofascismos. La izquierda tiene hoy dos grandes enemigos y para vencerlos sólo tiene un camino; o supranacional o nacional.

****Escrito sobre un debate en Espacio Público respecto al tema “Se abren o se cierran oportunidades para el cambio en Europa” http://www.espacio-publico.com/se-abre-o-se-cierran-oportunidades-para-el-cambio-en-europa#comment-5824

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60 aniversario de la Unión Europea. ¿Qué futuro espera?

ue-rota-680x365El 25 de marzo de 1957, 6 Estados fundaron la Comunidad Económica Europea (CEE) con la firma del Tratado de Roma. Los países del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo) junto a la Alemania Federal, Francia e Italia, pusieron en práctica un proyecto nuevo de integración paneuropeísta pero, y como el nombre dice, enfocado como principal objetivo convertirse en una potencia económica tras la destrucción continental en la II Guerra Mundial. A la contra, la hegemonía política mundial nunca fue una de las metas por temor a disputar contra su aliado, Estados Unidos, el liderazgo del bando Occidental. Y sobre el modelo social, existió una convergencia de cada Estado europeo apostando por el Estado del Bienestar como modelo común, con altas inversiones en políticas públicas, como estrategia de pacto capital-trabajo para contener al comunismo.

La CEE sumó a nuevos países miembros ganándole la batalla a otra identidad regional europea nacida en 1960, la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA en inglés). Reino Unido y Dinamarca en 1972, Portugal en 1986 o Austria, Finlandia y Suecia en 1991, abandonaron el EFTA para sumarse a la CEE ya que presentaba un proyecto más ambicioso, la fundación de la Unión Europea (UE) con la aprobación el 7 de febrero de 1992 (justo hace 25 años) del Tratado de Maastricht por los 12 países de la Europa Occidental en un momento clave: la unificación de Alemania y la desintegración del bloque soviético.

El final de la Guerra Fría y la reunificación de Europa, Occidente y Oriente, dio la posibilidad a la UE de apostar por un proyecto más extenso y ambicioso. En los años 90, con China todavía poco industrializada y algo hermética a la economía internacional, con una nueva Rusia estancada en sus problemas fronterizos y transitando hacia un nuevo modelo capitalista, y con Japón muy subyugada a Estados Unidos desde su derrota en la II Guerra Mundial, Europa tenía en sus manos reconfigurar su papel de liderazgo internacional. Pero los economistas, y no los politólogos y sociólogos, lideraron el proyecto. Y Europa siguió mirando cifras números y no de fenómenos.

La UE se centró en madurar su proyecto económico, en una economía cada vez mas Globalizada, con la creación del Banco Central Europeo (BCE) en 1998 y la circulación oficial de la moneda común, el Euro en 2002, además de extender su mercado común a los expaíses socialistas, como Bulgaria, Rumania, Polonia, entre otros, y sumar actualmente 27 estados (descartando ya el Reino Unido tras el BREXIT). Siendo la economía el principal objetivo de la UE, ha conseguido ser hoy la primera potencia económica mundial superando a Estados Unidos y a China en PIB anual,  pero presenta grandes deficiencias en lo político, social, y en el ámbito de relaciones internacionales.

En lo político, la UE, que siempre presumió de ser un proceso de construcción democrática, tuvo su primer gran tropezón que ponía en duda ese valor histórico. Tras la firma en Roma por los Jefes de Estado de la Constitución Europea en 2004, hubo países como Francia, Holanda, o España, que decidieron activar un referéndum y así no sólo dejar esta importante decisión a los parlamentarios para la aprobación de la Constitución Europea, que era lo que hacía falta legalmente. Dado el rechazo del pueblo francés y holandés, la UE y sus estados miembros en lugar de autocriticarse y apostar por mecanismos más participativos para reformular la Constitución mediante una Asamblea Constituyente, finalmente apostó por suprimir la soberanía popular como mecanismo de ratificación de la nueva Carta Magna, el Tratado de Lisboa en 2009. Para este nuevo Tratado ningún país, ni siquiera Francia u Holanda, realizaron referéndums. Así que los parlamentos aprobaron el futuro de Europa a espaldas de la opinión de los pueblos europeos. El único caso excepcional, por su situación particular nacional constitucional, fue Irlanda que realizó un referéndum en julio de 2008 y el NO ganó con el 53,4%. Pero, tras este fracaso se celebró un segundo referéndum en 2009 y el SI ganó con el 67,13% al ampliarse la participación. Europa, y sin mirar a los pueblos, tenía que aprobar su Constitución. Fuera al precio que fuera. Fuera traspasando cultura democrática.

En el ámbito social, y sobretodo tras la crisis económica de 2008 – una crisis importada desde Estados Unidos, el país más neoliberal de los Estados Desarrollados – la UE en lugar de fortalecer el histórico modelo keynesiano del Estado del Bienestar generando consumo interno con gasto público para elevar la producción nacional y con ello el empleo, se volcó en copiar la “solución” de Thatcher y Reagan; el neoliberalismo y sus recortes sociales para reducir el déficit fiscal. Si ahora era posible llevarlo a cabo, en una puesta en común entre las élites conservadoras europeas, liberales y “socialdemócratas”, era porque ya no es necesario pactar entre capital y trabajo al no existir el miedo de la élite al comunismo. La URSS ya cayó. Por ello, las políticas europeas que se crearon para generar una supuesta clase media y construir ideológicamente el fin de la lucha de clases, al ser eliminadas hoy con los recortes reducen también esa imagen de clase media, y conciencias sociales y nuevas generaciones legitiman el grito “los de abajo y los de arriba”. El proyecto economicista de la UE, su principal pilar, es evidente que no es enfocado para la economía de las familias, sino para la economía de las multinacionales bajo un enfoque de simples datos estructurales como el PIB, pero pocos de calidad de trabajo. La UE apuesta fuerte por los Tratados de Libre Comercio como el CETA o el TTIP, o por Planes de Ajuste Estructural, con la Troika detrás (BCE, FMI, CE), que han dejado experiencias como Grecia que no sólo han empobrecido al país sino que han evidenciado los límites políticos democráticos que existen dado el boicot de la UE al gobierno soberano y democrático de Syriza.

Y finalmente en lo internacional, Europa con sus símbolos, sus banderas o sus himnos, no ha llegado a crear jamás el orgullo europeo como identidad plurinacional porque no apostó por su liderazgo sino por ser un socio menor de los Estados Unidos. No solamente no tuvo el valor de iniciar la construcción de un nuevo ejército propio una vez acabada la Guerra Fría y poner en duda la funcionalidad actual de la OTAN – escuchándose simplonas y tímidas declaraciones como las del Presidente de la Comisión Jean Claude Juncker en el discurso anual el pasado mes de septiembre ante el Parlamento Europeo que parecía más un berrinche contra el BREXIT – sino que volvió a subyugarse a la hegemonía de los Estados Unidos. Enfrentándose y bloqueando económicamente a Rusia tras los conflictos de Siria y Ucrania cuando Rusia podría ser un buen vecino y un buen socio comercial de la UE que además le ayudaría a ganar liderazgo en un mundo multilateral. O entrar muchos países de la UE en conflictos armados como Libia, Siria, Irak, que finalmente han provocado estar en una Guerra Permanente que inició Estados Unidos contra el llamado Terrorismo Internacional – terrorismo de muy discutido origen- y  que ha provocado los millones de refugiados de los que solo se habla de sus consecuencias pero poco de sus causas. O finalmente ir Europa detrás de lo que decide Estados Unidos en la diplomacia internacional y no disponer de independencia, como eliminar la Posición Común a Cuba, o el embargo a Irán porque Estados Unidos negocia nuevas relaciones, y no por decisión propia.

Que hoy en la Unión Europa, 60 años después de su nacimiento, sea evidente un crecimiento del euroescépticismo, y de manera transversal, más allá de la izquierda y la derecha, es porque Europa lleva los últimas años andando por un camino equivocado. Un camino que ha dejado a Europa de poder presumir como el continente que apuesta por la Igualdad Social y el Bienestar Común. Un camino que ha dejado a Europa de halagarse como el modelo de Democracia y Derechos Humanos. Un camino que ha dejado a Europa perdida en la apuesta por la paz internacional, la solidaridad, y  la fraternidad entre pueblos. Un camino que cada vez es más difícil de transitar; con piedras como el BREXIT, las elecciones holandesas del próximo mes de marzo donde la ultraderecha euroescéptica puede ser la primera fuerza, las elecciones francesas el próximo mes de Abril con Le Pen ganando encuestas, o las elecciones alemanas en octubre, donde posiblemente podría entrar en el Parlamento un partido de extrema derecha.

Al igual que hace 60 años, muchos ni se imaginaron que este sería el camino de la Unión Europea, hoy muchos no podemos ni imaginar lo que pueda ocurrir los próximos años. O Cambio o Destrucción.

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